CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Jorge Bergoglio ha sido, en sus primeros tres días de visita a México, un Papa tibio.
Capturado por el gobierno de Enrique Peña Nieto, sometido a un riguroso guión y frivolizadas sus actividades por Televisa y TV Azteca –repletas sus transmisiones de predicadores–, el Papa Francisco, jefe máximo de la iglesia católica, ha nutrido sus discursos con generalidades y lugares comunes que contrastan con su reputación rebelde.
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