MÉXICO, DF, 29 de julio (apro).- Humanos lectores de la presente: tal vez les caiga mal y muchos se enojen porque la misma sea, más que otra cosa, un memorial de quejas y reclamos, mas los motivos nos sobran y por ello, cansadas y movidas por sus confusos, por contradictorios, y hasta absurdos a veces, juicios y condenas sobre servidoras de ustedes, es por lo que les escribimos.
Como sin duda saben, la mayoría de sus diferentes culturas, desde las más primitivas hasta las más adelantadas y sofisticadas, por nuestra peculiar manera de movernos y avanzar en la tierra, siempre nos han visto y considerado representación de lo inferior, de la materia contra lo superior, lo espiritual, pero no por ello despojadas de poder, pues también nos han adjudicado fuerza y hasta ciertos saberes, aunque sean oscuros y contrarios a los que atribuyen al espíritu. Pero, ¡curioso!, resulta que al hacernos símbolo de la fuerza ciega, inconsciente de la naturaleza, en todo tiempo hemos ejercido una fuerte atracción sobre ustedes, los humanos, ya que el poder, el que sea, siempre, siempre, como el imán para el hierro, el poder ha atraído y atrae a las debilidades, necesidades y ambiciones que mueven a la especie homo, pues en él ven la posibilidad de robustecer la flaqueza de ánimo, resolver sus privaciones materiales o lograr sus ardientes deseos de dominio, autoridad, ,ando, riqueza, etcétera. Por ello, y por lo que dicen que somos, por la fuerza que nos atribuyen, también somos para ustedes símbolos de la seducción negativa, la que da por resultado la involución, o al menos la persistencia de lo inferior en lo superior, de lo material en lo espiritual, de lo malo en lo bueno, situación tan conflictiva para su diario vivir.
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