¿POR QUÉ Y PARA QUÉ SE DISCUTE”

MÉXICO, DF, 26 de agosto (apro).- MI queridísima y fraterna hermana en y por el alma: gran indignación me ha causado la lectura de tu carta a este buzón reclamando a los vanidosos y arbitrarios humanos el poco o ningún caso que te prestan a ti: la memoria. Pero me va a mí, pues aunque me tengan en cuenta, las más de las veces lo hacen para manipularme, para satisfacer sus miserables necesidades o sus desmesurados deseos. Ése no es hecho que suceda únicamente en la desquiciada, por disparatada, globalidad en la que se mueven y mueven a otros astutos y maliciosos humanos en estos sus días; de antiguo le viene tan desconsiderada actividad, desde la Grecia clásica, cuando como tú bien sabido tienes, Pericles establece la democracia en Atenas y, en consecuencia, el discutirse en la plaza pública, en el ágora, todo asunto público, incluidos los juicios, por lo que los ciudadanos tuvieron la necesidad de adiestrarse en la discusión, en saber hacer un buen uso de la palabra, de argumentar para convencer y jueces y público de la verdad de sus propuestas, de la justicia que asistía a sus causas y, para ello, les era preciso y necesario el saber manejar las palabras, dominar el arte de la oratoria. Y fue ahí, en este ambiente, donde aparecieron los sofistas, que en un principio fueron considerados maestros de sabiduría, pero que en realidad fueron, más que filósofos, maestros que vendían el modo de tener éxito por medio de la seducción, de convencer, de captar y hasta de capturar o dormir con su retórica la voluntad del auditorio por medio de argumentos bien estructurados, al modo como el encantador de serpientes domina con su flauta a las mismas, y así hacer triunfar una causa cualquiera, sin tener en cuenta la justicia o la verdad que pudiera haber en ellas.
Esta práctica de los sofistas, generó y sigue generando, actos y situaciones de escepticismo, de no creer en nada, al suponer y admitir, tanto los sofistas mismos como sus clientes, la incapacidad humana para descubrir la esencia de la verdad, la justicia o de lo que sea” y todo porque, más que en otra cosa, me han manipulado y me manipulan para satisfacer sus necesidades y alcanzar sus ambiciones personales o del grupo a que pertenecen” actitud que se encuentra en pensadores tan diferentes como Descartes, Berkeley, Hume, Monsaigne” o en los partidarios de la moderna teoría de la deconstrucción, ideas todas ellas, aunque sus autores no tuvieran esa intención, que han ido poniendo y siguen poniendo al humano ante la descoladota situación de la duda, la relatividad y la caducidad de las cosas” y de ellos mismos” de la especie humana.


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