MÉXICO, D.F., 8 de octubre (apro).- Extraviados vivientes: asombra y angustia ver y comprobar que, como burros en noria, estén a las vueltas y vueltas alrededor de un tema que este servidor de ustedes, hace más de dos mil 300 y pico largo de años aclaró en gran medida y en lo esencial: las tan frecuentes contradicciones, los enfrentamientos que a lo largo de la historia humana se han dado y siguen dándose entre la política y la ética.
Igualmente asombra y son lamentables sus intentos de solución a tal problemática, tan trágica para tantos de ustedes. Sí, debe ser frustrante para la especie ver y comprobar que más allá de su intención basada en creencias de origen religioso, que incluso justifica esa contradicción entre la política y la ética, con la idea de ser un pueblo elegido por Dios” o de cómo todo viene de Dios, que sabe lo que más nos conviene, tanto el bien como el mal que a uno le toque en esta vida, debe ser recibido humildemente y resignadamente soportado”que más allá de la supuesta (por querida) igualdad natural entre los hombres” que más allá de la presumida armonía social conformada y regida por la mano invisible del libre mercado competitivo” que más allá de la pretendida y tajante solución de la lucha de clases del marxismo”que más allá de la democracia, del presunto gobierno del, por y para el pueblo, según A. Lincoln” o que más allá de la promesa tecnócrata de crear riqueza para todos como nunca antes se había hecho” repito: patético y lamentable les debe ser el ver y comprobar, estimados lectores de la presente, que a pesar de todos esos intento, la contradicción entre la política y la ética resiste y persiste.
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