MÉXICO, DF, 21 de octubre (apro).- Estimados lectores de la presente: el motivo de la misma es el de hacer alguna luz sobre los desastres naturales que de manera tan dolorosa y hasta trágica están afectando a la humanidad de manera global, y el modo que me valgo para ello es el ofrecerles, una de las tantas cartas contenidas en el portafolios rojo que servidor encontró abandonado “y nadie reclamó” en un transporte público; carta que considero de lo más apropiado para el caso. Espero haber acertado en mi selección, la respuesta la tiene el amable lector de la misma.
“Señor de señores, mi Señor: ¡Ay de nosotros! Nos creíamos los reyes de este mundo, y no es así, pues más bien estamos resultando unos aprendices de brujo por descansar demasiado en nuestros respectivos poderes y no tener en cuenta, el no dar la debida atención a que el tiempo y el espacio en modo alguno permanecen iguales e inmóviles y así permanecerán desde el momento de su creación y por los siglos de los siglos, sino que, por lo contrario, el tiempo y el espacio forman una dimensión dinámica y dialéctica, en que cambian constantemente; ese nuestro olvido nos está poniendo “pido perdón por la expresión” a parir cuates como dice el vulgo, y lo peor es que la culpa es nuestra. Recordemos: en la lucha entablada entre nosotros, tú, Señor de señor, al crear al varón y a la mujer, los bendijiste diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. ¡Qué jugada!
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