BUSCANDO LA VERDAD

MÉXICO, DF, 1 de julio (apro).- ¿Por qué angustiarse, entristecerse, frustrarse e incluso enojarse al ver que la verdad, en vez de liberadora, es considerada un crimen, y los que la buscan y la sacan a la plaza pública se les convierte en siniestros delincuentes” ¡Ah, mi estimado Cándido Buenafé, amadísimo hermano en Jesús Nuestro Señor! Me sorprende que sea presa de esos sentimientos negativos un ser como usted que, al juzgar por su carta a este buzón, es un cristiano firme y por añadidura lector asiduo de la Biblia, sagrado libro que no nos habla de Dios, sino que es el libro en el que Dios nos habla de El por medio de los testigos que él mismo se eligió en medio de su pueblo de Israel, en diversas ocasiones y en diferentes formas, primeramente por medio de los profetas y después por medio de su Hijo hecho hombre y en quien reside la plenitud de la Divinidad.
Permítame recordarle, amadísimo hermano en la fe de Jesucristo, que todo buen y fiel seguidor de la misma debe tener en cuenta y no olvidar nunca que Dios Nuestro Señor es omnímodo, es decir, que abraza y comprende todo el Universo, como creador amoroso que es él mismo; omnipresente, o sea, que está en todos los lugares; omnisciente, esto es, que todo lo sabe, y omnipotente, que todo lo puede, o lo que es igual, que a su poder nada puede oponerse ni ponerle límite. Resultado de esas cualidades se desprenden tres verdades divinas y por lo tanto absolutas, a saber: que todo proviene de Dios, que su palabra es la verdad desde el principio y que nada ocurre sin la voluntad de Dios, ni la hoja del árbol se mueve sin su permiso, ni se nos cae un cabello de la cabeza si él no lo consiente. También es obligatorio creer y nunca olvidar a todo buen cristiano que el dudar y peor si niegan estas verdades centrales de la doctrina, está en servidumbre de error, el cual conduce a la destrucción; claro, si no se arrepiente, pues Dios es misericordioso, siempre propicio a perdonar a quien reconoce su pecado, tiene propósito de enmienda y cumple con la penitencia debida para redimirse del mismo.


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