MÉXICO, D.F., 22 de octubre (apro).- La injerencia de Estados Unidos en las decisiones fundamentales del país nunca fue un problema de Estado para Felipe Calderón. El mandatario panista les abrió a los norteamericanos las compuertas, los archivos, la inteligencia en materia energética, de seguridad nacional y de grandes negocios en México.
Su problema fue que los demás se enteraran del poco aprecio que Washington tenía frente a su osada y fallida “guerra contra el narco”. O que, efectivamente, lo vieran como un mandatario débil y espurio y, por tanto, más vulnerable a las presiones del imperio.
Adquiere una fotografía para ilustrar esta nota aquí