Jenaro Villamil
MÉXICO, DF, 18 de noviembre (apro).- El que se enoja, pierde. Así reza un viejo refrán. Nada más cierto, sobre todo, cuando se trata de la fiscalización de los políticos. Y más si se refieren al primer mandatario y a sus propiedades y bienes raíces, siempre bajo el escrutinio no sólo de la opinión pública nacional sino internacional.
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