SOBRE Y TRAS LA SANTIDAD

MÉXICO, D.F., 17 marzo (apro).- Pues sí, estimados lectores de la presente: me voy a tomar la libertad de preguntarles si saben por qué y cómo se llega a santo, si se es por gracia divina, por haber consagrado la vida a Dios o por una vida ejemplar, y si existe una santidad diferente de la religiosa.
En esa controversia quedamos los asistentes a la reunión que de vez en cuando llevamos a cabo los amigos, todos de nombre Juan, en el ambiente penumbroso relajado del piano-bar EL TÚNEL DEL TIEMPO. No recuerdo como, pero el caso fue que iniciamos una plática sobre lo santo y la santidad. En un principio todos estuvimos de acuerdo en que ser santo era un digno ejemplo a seguir. Todos concordamos en la opinión de que eso de la santidad estaba identificado con la religión, con lo puro y soberanamente perfecto, por lo que lo santo por excelencia y excepción es Dios, por lo que los judíos, con toda razón, lo designaron como “el santo de Israel” (Is. 12, 6).


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